Discusión
El efecto tóxico de las antraciclinas con mayor trascendencia es la cardiotoxicidad. La adriamicina ejerce su toxicidad sobre el miocardio y produce una miocardiopatía inespecífica, con vacuolización de células miocárdicas y dilatación de mitocondrias. Este efecto tiene como consecuencia un deterioro progresivo de la contractilidad miocárdica al ir aumentando la dosis acumulativa de antraciclinas, produciéndose una disfunción ventricular(1).
La monitorización cardiaca con una técnica no invasiva capaz de identificar pacientes con alto riesgo de daño cardiaco sería de gran utilidad(9). Para este objetivo se han propuesto diferentes técnicas desde la radiografía de tórax hasta la determinación de enzimas cardiacos y el ECG(1). Otros métodos empleados son el estudio de los índices de tiempo de repolarización ventricular(9), la ecocardiografía(10), la ventriculografía isotópica(1,2,3,4,5,6,7,8), la gammagrafía con 123I-Metayodobenzilguanidina(11,12), con anticuerpos anti-miosina marcados con 111In(12), la gammagrafía con 67Ga(13), hasta la biopsia endomiocárdica(1) siendo este último el estudio de referencia, aunque se trata de una técnica cruenta.
Actualmente la técnica complementaria no invasiva más fiable es la determinación en reposo de la fracción de eyección (FE) ventricular mediante la ventriculografía isotópica(1,14). Algunos autores han utilizado la respuesta de la FE al esfuerzo para intentar identificar a los pacientes con función ventricular normal en reposo con reserva funcional ventricular disminuida, sin embargo se comprobó que el uso del esfuerzo no aumentaba la sensibilidad de la función ventricular en reposo(15).
La dosis total de antraciclina es el factor fundamental que determinará el efecto cardiotóxico. Cuanto mayor sea la dosis de antracilcina administrada se detectará con mayor probabilidad la aparición de manifestaciones clínicas de cardiotoxicidad. Existe una dosis acumulativa máxima de 550 mg/m2 de adriamicina. Cuando esa dosis se sobrepasa existe un riesgo mayor del 60% de desarrollar insuficiencia cardiaca congestiva en la evolución posterior(5), sin embargo determinar empíricamente un nivel de dosis máximo a administrar puede producir insuficiencia cardiaca en algunos pacientes y privar a otros de continuar con un tratamiento útil y necesario para su enfermedad. Es por tanto esencial disponer de métodos que permitan la valoración continua de los pacientes a lo largo del tratamiento(14).
Buzdar et al.(16) estudiaron 534 pacientes con neoplasia mamaria tratadas con una combinación de 5-fluoracilo, doxorrubicina y ciclofosfamida. La incidencia de insuficiencia cardiaca congestiva fue del 1% en pacientes que recibieron dosis acumulativas superiores a 300 mg/m2, sin embargo esta cifra se elevó al 4% en pacientes que recibieron 450 mg/m2 de doxorrubicina.
Nakada et al.(10) evaluaron principalmente mediante ecocardiografía la cardiotoxicidad durante la fase de consolidación quimioterápica en niños con leucemia aguda. Concluyen que se debe realizar un seguimiento muy cuidadoso en los pacientes que alcanzaron más de 300 mg/m2 de antraciclinas.
Carrió et al.(12) realizaron gammagrafía con 111In-anticuerpos antimiosina y 123I-MIBG a 36 pacientes sometidos a tratamiento quimioterápico con doxorrubicina. Los pacientes que habían recibido dosis de doxorrubicina entre 240-300 mg/m2 mostraron un incremento estadísticamente significativo en la captación de anticuerpos antimiosina, sin embargo para estas mismas dosis el grado de captación de 123I-MIBG no fue significativamente mayor que antes de la instauración del tratamiento.
Nousianen et al.(17) estudiaron 30 adultos con linfoma no Hodgkin en tratamiento con 8-10 ciclos quimioterápicos CHOP (ciclofosfamida, doxorrubicina, vincristina y prednisona). Evaluaron la posible cardiotoxicidad mediante ventriculografía isotópica así como mediante la determinación sérica del sistema de péptidos natriuréticos cardiacos (péptido natriurético tipo A y tipo B). La disminución de la fracción de eyección del ventrículo izquierdo se comenzó a objetivar mucho antes (apenas se alcanzaron las dosis acumulativas de doxorrubucina de 200 mg/m2), mientras que el incremento sérico de los péptidos natriuréticos no fue evidente hasta que las dosis acumulativas de doxorrubicina no superaron los 400 mg/m2.
En un estudio muy reciente, Agarwala et al.(3) destacan la elevada incidencia de cardiotoxocidad por adriamicina en niños con tumores sólidos, incluso en dosis acumulativas bajas. Un porcentaje muy significativo de estos pacientes, mostró evidencia de cardiotoxicidad en la ventriculografía isotópica con dosis acumulativas de 180-200 mg/m2.
Como podemos ver en los trabajos anteriormente citados, la cifra de 300 mg/m2 suele ser una cifra bastante segura independientemente de la técnica utilizada para el diagnóstico y seguimiento de la cardiotoxicidad a excepción, parece ser, de la población pediátrica.
La afectación cardiaca es en estos casos dosis-dependiente, sin embargo, ciertos factores de riesgo pueden predisponer al paciente a desarrollar una miocardiopatía incluso a dosis acumulativas bajas(5). Entre estos factores de riesgo se encuentran la edad avanzada, los antecedentes de enfermedad cardiaca, la irradiación mediastínica previa y la asociación a otros antimitóticos potencialmente carditóxicos(14). Para Steinberg et al.(5), los pacientes deberían de clasificarse de entrada (según los factores de riesgo arriba mencionados) en dos grupos; con bajo riesgo y con alto riesgo. El grupo de mayor riesgo debería de ser monitorizado con mayor frecuencia mediante ventriculografía isotópica.
Casáns et al.(14) destacan la necesidad de poder contar con un estudio previo al inicio del tratamiento, no sólo porque permite identificar algún paciente con disfunción ventricular oculta, sin antecedentes conocidos de enfermedad cardiaca previa, sino por que resulta imprescindible para valorar la respuesta miocárdica al tratamiento con antraciclinas. La tolerancia individual a estos fármacos hace que el seguimiento sólo sea útil cuando se refiere al valor basal de cada paciente determinado. También resalta la importancia del seguimiento de la función ventricular post-tratamiento, debido a la posibilidad de deterioro progresivo de la FE y la aparición de insuficiencia cardiaca clínica meses después de finalizada la quimioterapia.
En el trabajo presente podemos observar que existe una clara relación entre la dosis de antraciclina administrada y la disminución de la FE, de manera que dosis acumuladas inferiores a 300mg/m2 de adriamicina suponen un riesgo bajo de afectación de la F.E Este dato corrobora los ya existentes en la literatura.
De los diez pacientes que recibieron dosis de antraciclinas inferiores a 300 ng/m2 tan sólo un paciente (número 6 de la tabla 1) presentó una disminución significativa de la FE de ventrículo izquierdo. Este paciente sufrió un quilotórax en el momento del estudio, por lo que tenía características clínicas especiales que pudieron influir en un mayor compromiso cardiaco.
En un porcentaje significativo (22%) de nuestros pacientes, el seguimiento con ventriculografía isotópica supuso un ajuste del tratamiento quimioterápico evitando posibles citostáticos con cardiotoxicidad elevada.
Podemos concluir que cifras mayores de 300 mg/m2 de adriamicina incrementan el riesgo de cardiotoxicidad. La ventriculografía isotópica es un buen método para el diagnóstico y seguimiento de la función cardiaca en estos pacientes. Aquellos pacientes con antecedentes cardiológicos o edad avanzada deben tener un estudio basal previo al tratamiento con adriamicina y requieren una monitorización más precoz y estricta de la función cardiaca, sobre todo cuando vayan a rebasar dosis de adriamicina de 300mg/m2.
Paciente | Sexo | Edad | Diagnóstico | Otros |
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Paciente 1 | Varón | 72 | Carcinoma Vesical infiltrante | Cardiopatía isquémica |
Paciente 2. | Varón | 51 | Fibrosarcoma | |
Paciente 3 | Varón | 14 | Hepatocarcinoma | |
Paciente 4 | Mujer | 44 | Linfoma no Hodgkin | |
Paciente 5 | Varón | 47 | Linfoma no Hodgkin | |
Paciente 6 | Varón | 57 | Linfoma no Hodgkin | Quilotórax |
Paciente 7 | Varón | 55 | Liposarcoma | |
Paciente 8 | Varón | 64 | Linfoma no Hodgkin | |
Paciente 9 | Mujer | 27 | Carcinoma de mama | |
Paciente 10 | Mujer | 63 | Carcinoma de mama | |
Paciente 11 | Mujer | 60 | Carcinoma de mama | |
Paciente 12 | Mujer | 56 | Carcinoma de mama | |
Paciente 13 | Mujer | 45 | Carcinoma de mama | |
Paciente14 | Mujer | 67 | Carcinoma de mama | |
Paciente 15 | Varón | 21 | Osteosarcoma | |
Paciente 16 | Varón | 48 | Osteosarcoma | |
Paciente 17 | Varón | 15 | Sarcoma de Ewing | |
Paciente 18 | Mujer | 19 | Sarcoma de Ewing | |
Paciente 19 | Mujer | 36 | Sarcoma de partes blandas | |
Paciente 20 | Varón | 48 | Sarcoma de partes blandas | |
Paciente 21 | Mujer | 17 | Sarcoma de partes blandas | |
Paciente 22 | Varón | 23 | Schawnoma raquídeo | |
Paciente 23 | Mujer | 20 | Leucemia y Sarcoma de Ewing | |
Paciente 24 | Mujer | 70 | Linfoma no Hodgkin | Insuficiencia cardiaca |
Paciente 25 | Varón | 65 | Liposarcoma | |
Paciente 26 | Varón | 23 | Linfoma no Hodgkin | |
Paciente 27 | Varón | 19 | Sarcoma de Ewing | |
Paciente 28 | Varón | 44 | Leucemia promielocítica | Trasplante de M.O. |
PRE-TTO. V. Izdo. | PRE-TTO. V. Dro. | POST-TTO V. Izdo | PRE-TTO. V. Dro. | |
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Media ± Desv. Est. | 59.2 ± 13.5 | 45.3 ± 8.1 | 54 ± 15 | 42.3 + 6.7 |