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Evolución de pacientes trasplantados renales con gamagrafía renal basal para la evaluación del injerto

Introducción

El trasplante renal es considerado el tratamiento de elección en pacientes con insuficiencia renal crónica terminal debido a su clara ventaja sobre otras formas de terapia sustitutiva, tanto en la calidad de vida como en la reinserción a la vida productiva. Los avances quirúrgicos y médicos, así como el desarrollo de nuevos fármacos inmunosupresores, hacen posible en muchos centros llevar a cabo el trasplante renal de forma exitosa mediante el trabajo multidisciplinario de médicos, investigadores y enfermeras.

En la mayoría de los protocolos de trasplante renal, la gamagrafía está incluida como prueba de monitorización de la función del injerto desde el postoperatorio temprano. Una de las ventajas de las exploraciones de Medicina Nuclear es su carácter no invasivo, hecho que facilita la repetición de estudios, así como el establecimiento de pautas de seguimiento sin perjuicio para el paciente. Sin embargo, estas exploraciones no son específicas y los hallazgos que se obtienen en ellas pueden ser similares en diferentes situaciones clínicas. En este sentido, la mayor parte de la literatura científica se ha centrado en el estudio de su sensibilidad a la hora de establecer un diagnóstico claro en la disfunción inicial del injerto, diferenciando el rechazo agudo de la necrosis tubular pura.

García et al(1) en una revisión de 590 casos analizaron las complicaciones quirúrgicas del trasplante renal que representan una fuente importante de morbimortalidad, las cuales pueden llegar en ocasiones a la pérdida del injerto. Según los autores, la tasa de complicaciones quirúrgicas oscilaba en las primeras series publicadas entre un 3,5 y un 30% en los años 70, mientras que en datos más recientes, esta cifra se sitúa en torno al 15%. Esta revisión tomó en cuenta el intervalo de aparición de las complicaciones, su relación con la técnica quirúrgica empleada y el tratamiento instituido para resolver dichas complicaciones.

Jofré et al(2) señalan que las complicaciones del trasplante renal incluyen falla parenquimatosa debido a rechazo, necrosis tubular aguda (NTA), toxicidad por ciclosporinas, falla secundaria a daño de la arteria o vena renal, obstrucción parcial o total del uréter, extravasación de orina por fístula, hematoma, linfocele, entre otras. Para estos autores, en general una pobre perfusión asociada a una mala función excretora se debe a rechazo del trasplante, mientras que una buena perfusión asociada con una pobre función excretora se debe a una NTA, la que en general se observa en los trasplantes con donante cadavérico. Concluyen que lo ideal para la evaluación del riñón trasplantado es contar con un estudio precoz basal post-cirugía y luego controlarlo en su evolución clínica.

Pabón et al(3) evalúan la escala de TISS (escala de injuria tubular) para sobrevida a seis meses y un año y encuentran que TISS 1 asegura sobrevida del injerto, aunque no es conclusivo. En los TISS 2-4 se requieren estudios complementarios como biopsia, mientras que en los TISS 5-6 el pronóstico es definitivamente sombrío. Con los estudios de Tc-99m MAG 3 se estaría en condiciones de predecir la evolución funcional en los riñones trasplantados, información de gran importancia en virtud de la cual se podrían realizar cambios en el manejo clínico, por ejemplo: si no se espera recuperación de la función podría suspenderse la inmunosupresión (disminuyendo costos y toxicidad) o incluso llegarse al retiro del injerto. En el caso contrario, al predecir un buen pronóstico, se estaría autorizado a optimizar e incluso cambiar el manejo clínico. Estas características convierten a la gammagrafía renal con MAG 3 y la evaluación pronóstica mediante la escala de injuria tubular (TISS) en un estudio costo/efectivo en la evaluación de pacientes con trasplante renal.

Barba et al(4) señalan que la supervivencia del injerto se ve afectada por múltiples factores. Dentro de los parámetros pronósticos, los más útiles serán aquellos que podamos detectar inmediatamente tras el trasplante y nos permitan predecir la función a largo plazo. Estos autores concluyen que la gammagrafía renal proporciona información útil para el manejo del paciente en el postoperatorio inmediato.

García-Villa et al(5) indican que, debido a que la formación de abscesos perirrenales y las infecciones de tejidos blandos en pacientes con trasplante renal representan un riesgo importante de morbimortalidad y su frecuencia aumenta como consecuencia de la inmunosupresión, esta complicación se debe buscar en todo paciente con signos generales de infección para un tratamiento oportuno y eficaz. El diagnóstico puede tardar; sin embargo, gracias a los estudios de imagen con que actualmente contamos, entre ellas la gammagrafía renal, las cifras de morbimortalidad de esta patología han disminuido.

Dado que el trasplante renal se trata de un procedimiento delicado que requiere cuidadosa preparación, es de suma importancia tratar a tiempo las posibles complicaciones que se puedan presentar y en la medida de lo posible prevenirlas para evitar la pérdida del injerto. Por lo tanto, es importante detectar tempranamente o pronosticar las complicaciones de un trasplante renal mediante la evaluación con gamagrafia renal basal.